*Nacho Coronel no se intimidó ante los soldados. Los confrontó armado con una pistola y fue el primero en disparar cuando los militares ingresaron a la habitación. Mató al militar que encabezaba el operativo e hirió a un segundo oficial.

Él recibió dos disparos, los dos a la altura del pecho que de inmediato le quitaron la vida. El capo vestía de manera casual, ropa deportiva. Una playera blanca marca Adidas, que quedó manchada por la sangre muy cerca del corazón y a la altura del cuello. Su cuerpo quedó tendido sobre un desnivel que había al interior de la habitación con piso de color ladrillo.

El Coronel parecía estar dormido.

Quienes estuvieron en el lugar confirmaron su identidad. Se comprobó que Ignacio Coronel jamás intentó modificar su rostro.

Su cara era igual a la de la fotografía que de él circulaba públicamente.

Sin ayuda de la DEA o alguna otra fuerza el personal de inteligencia militar de la Sedena ubicó la mañana del jueves las dos residencias en donde se refugiaba el capo de las drogas. La decisión de actuar de inmediato vino del Alto Mando que diseñó un operativo sorpresivo y de precisión, que inutilizó cualquier posibilidad de escape del tercer hombre en importancia del cártel de Sinaloa.

La barba del capo lucía casi igual a la de su fotografía, cerrada y perfectamente delineada, pero sin estar abultada. Negra al igual que el pelo, el cual se peinaba hacia atrás. Su aspecto era juvenil.

En las casas se encontraron maletas repletas de dólares, así como joyas, armas y automóviles, que hasta anoche se desconocía si estaban blindados.

El hombre que controlaba el paso de la cocaína y las operaciones del narcotráfico en la costa del Pacífico mexicano no se hacía acompañar de escoltas, más que por un solo hombre, el de más confianza, Irán Francisco Quiñones Gastélum, quien se rindió ante la superioridad de los soldados que intervinieron en el operativo de precisión.

De hecho, según autoridades militares, el bajo perfil era la estrategia de Nacho Coronel para pasar inadvertido, no sólo ante sus vecinos de la colonia Colinas de San Javier, de Zapopan, Jalisco, sino también de las autoridades y de sus propios enemigos.

La incursión militar al refugio del capo de las drogas, originario de Durango, fue realizada por tierra y aire, con la participación de dos helicópteros que sobrevolaron el lugar durante el tiempo que duró el operativo, que concluyó con la muerte de Nacho Coronel.

El hombre que se inició en el narcotráfico a gran escala, al lado del fallecido líder del cártel de Juárez, Amado Carrillo Fuentes, era también buscado por las autoridades de Estados Unidos que habían pedido a México su detención provisional con fines de extradición por los delitos de narcotráfico, delincuencia organizada y lavado de dinero.

Considerado como uno de los capos más cauteloso que operaba en México, Nacho Coronel enfrentó en los últimos meses la embestida del cártel de los hermanos Beltrán Leyva y que provocó que en entidades como Nayarit y Colima se produjeran enfrentamientos de gran violencia entre miembros de esas dos organizaciones criminales.

El último capítulo de su historia sucedió con mayor revuelo en las calles cercanas a su refugio.

Gritos, disparos, militares que corrían y dos helicópteros en sobrevuelo a baja altura rompieron ayer la tranquilidad del fraccionamiento Colinas de San Javier, uno de los más exclusivos de la zona metropolitana de Guadalajara.

Eran las 13:00 horas cuando poco más de 150 elementos del Ejército en tres camiones y camionetas artilladas sitiaron Paseo de los Parques al cruce con la avenida Acueducto, en el poniente de la ciudad. Sólo habitantes de la zona eran testigos de la incursión.

“Fue cuestión de dos minutos, apenas vimos que llegaron y cercaron todo. Gritaban y ni nos volteaban a ver. Se apostaron en las esquinas y cerraron el paso a vehículos y a todos. Entonces empezó la cuenta regresiva… (Con información de Ulises Zamarroni)*

(*Sacado de: http://www.eluniversal.com.mx/ *)

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