*BUENOS AIRES.— “Si al pueblo colombiano, por una de esas cosas, se le ocurre votar a Juan Manuel Santos, soplarán vientos de guerra”. Esa frase, lanzada desde Caracas por el presidente venezolano Hugo Chávez en vísperas de la primera vuelta electoral, podría resultar carente de crédito para quien haya presenciado el intercambio de elogios, los gestos y la conferencia de prensa conjunta con la que ambos mandatarios sellaron el restablecimiento de relaciones bilaterales esta semana.

La “buena química” entre ambos líderes, cuyas diferencias eran, hasta hace poco, irreconciliables, parece que no fue sólo para las cámaras, según algunos de los que siguieron de cerca el cónclave en la Quinta de San Pedro Alejandrino (donde falleció Simón Bolívar). “Estuvieron dos horas a solas y hasta se permitieron hablar de cosas personales, como los hijos y los gustos de cada uno”, dijo una alta fuente de gobierno en Bogotá.

Hoy, Venezuela y Colombia están empeñadas en retrotraer sus relaciones comerciales, políticas y diplomáticas a los niveles de hace ocho años, según aseguran en ambas capitales, algo que hace poco parecía imposible, aunque todos los gestos de Santos, desde sus días como presidente electo, y hasta del propio Chávez, iban en ese sentido.

Durante la campaña proselitista colombiana, en la que Santos se midió con Antanas Mockus, no faltó quien dijera que aquellas declaraciones de Chávez en las que calificó a Santos de “señor de la guerra” y de “mafioso”, sólo le hacían el favor al entonces candidato de Álvaro Uribe.

Tanta cercanía, tanta “buena onda” podrían ratificar esa tesis.

Intereses económicos

Pero lo que en realidad primaron fueron los intereses económicos a un lado y al otro de la frontera, principalmente del lado venezolano, donde reemplazar la condición de principal socio y de “almacén casi exclusivamente venezolano” que representa Colombia, en la actual coyuntura, es prácticamente imposible.

“La ruptura de relaciones ahondaba los problemas de abastecimiento en Venezuela y la pérdida de empleo que iba a ocasionar era un costo muy alto para Chávez”, opina la analista Socorro Ramírez.

Chávez comprendió a su modo la máxima de Bill Clinton, con aquello de “¡Es la economía, estúpido!”. Además, la crisis bilateral amenazaba con convertirse en una bomba de tiempo para el chavismo, en plena campaña para las legislativas de septiembre próximo. Principalmente teniendo en cuenta, como afirma Jaime Duarte, de la Universidad del Externado, citado por la revista Semana, “que en los estados fronterizos la mayoría es de oposición a su régimen”.

Así, con la misma velocidad con que Uribe decidió dar una última estocada contra Venezuela antes de abandonar el Palacio de Nariño —con la denuncia ante la Corte Penal Internacional—, y Chávez se apresuró en romper relaciones con su saliente administración, con la misma velocidad recompuso nexos con Santos y ya convocaron a una reunión de cancilleres para constituir las comisiones que trabajen sobre los cinco ejes principales de esta nueva alianza. “Esos planes ya los habían abrazado Uribe y Chávez, pero duraron menos que los dulces en una fiesta de cumpleaños”, recuerda el analista Bernardo Gutiérrez, para quien eso será una realidad si esta vez “se crea un clima de confianza mutua”. Esa confianza a la que apelaron ambos mandatarios en el cónclave del pasado martes.

Todo parece indicar que Santos está dispuesto a imprimirle a su gestión un sello distinto al de Uribe. Ese “nuevo amanecer”, del que habló en su discurso de posesión pasa, a decir de algunos, por “una nueva relación con Venezuela y con el resto de la región”. No en vano hicieron partícipe del acuerdo a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y a su secretario general, Néstor Kirchner.

Fue un mensaje para los países de la región de una Colombia más participativa en el concierto regional.

Por ahora, en lo único en lo que el inicio de la era Santos se parece al de la administración Uribe es el coche-bomba del jueves. Pero eso casi es un clásico en un país que vivió su historia contemporánea atravesada por la violencia. Lo nuevo es esta nueva fraternidad que pareciera dejar en el pasado los gritos de guerra que lanzó Chávez hace apenas ocho semanas y que ha dado paso a “un nuevo amanecer”.*

(*Sacado de: http://www.eluniversal.com.mx/ *)

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