*WASHINGTON.— A menos de 90 días de unas elecciones de medio término que barruntan la posible pérdida de la mayoría demócrata en el Congreso, los estrategas del Partido Demócrata han volteado la mirada hacia Bill Clinton, en un intento por sacar el mayor provecho posible al legendario “sex-appeal” electoral de un ex presidente que sigue gozando de altos índices de popularidad entre votantes blancos y conservadores.

Para todo aquel que se precie de ser un líder con voz y peso específicos en el mapa político de Estados Unidos, el índice de atracción y carisma no es un asunto menor en el siempre cambiante mercado electoral de este país.

Hace apenas un año, por ejemplo, nadie imaginaba que algunos candidatos demócratas tendrían que verse en la necesidad de rehuir el apoyo del presidente, Barack Obama, un político que hoy vive sus horas más bajas, con una economía que no levanta cabeza y unos índices de aceptación que rondan 45%.

La “mala sombra” de Barack se ha convertido en un factor a tomar en cuenta en la recta final de unas campañas políticas en las que personajes como Bill Clinton, e incluso la primera dama Michelle Obama, se han convertido en los bateadores emergentes que muchos candidatos demócratas buscan estos días con la esperanza de remontar en unos sondeos que vaticinan la temida pérdida de un escaño en el Congreso o el naufragio de sus posibilidades para mantener o conquistar una gubernatura. En estos tiempos de incertidumbre económica, que muchos electores de corta memoria asocian a la gestión de Obama, pero no al desastre que dejó tras de sí George W. Bush, las preferencias en los índices del mercadeo electoral favorecen ampliamente a Bill Clinton por encima del actual presidente, con un margen de hasta 6 puntos porcentuales.

Según sondeos realizados por cadenas de televisión como Fox News, 45% de los electores votaría en estos momentos a favor de un candidato que haga campaña al lado de Bill Clinton, mientras que sólo 39% lo haría por quien decida asociar su imagen a la de Obama.

“Esta situación no es insólita. Por regla general, la popularidad de los presidentes cae en picada cuando la situación de la economía no acompaña y en estos momentos seguimos teniendo uno de los más elevados índices de desempleo (casi 10%)”, consideró Steve Murphy, un estratega demócrata.

“Aunado a ello, a un ex presidente como Bill Clinton mucha gente lo asocia con la mejor época de estabilidad económica en la nación y por eso muchos candidatos demócratas prefieren en estos momentos que se les asocie con la imagen de Clinton pero no tanto con la de Obama”, añadió. Quizá por ello, en las últimas semanas, la ajetreada agenda del ex presidente Clinton ha incluido no sólo su muy publicitada actuación durante la glamorosa boda de su hija, Chelsea, sino también sus menos conocidas aunque no por ello menos importantes intervenciones en actos de campaña o en concurridas cenas para recolectar fondos a favor de candidatos demócratas que hoy luchan por mantenerse a flote en estados como Arkansas o Missouri.

De la eficacia del “atractivo” electoral de Bill Clinton han dejado constancia los triunfos electorales de Blanche Lincoln, la senadora demócrata por Arkansas que consiguió imponerse en junio pasado a la candidatura del gobernador de ese estado, Bill Halter, durante unas primarias demócratas en las que el apoyo del ex mandatario pudo más que una poderosa coalición de sindicatos pro-obamistas que apostaban por la derrota de Lincoln. “No cabe duda de que el caso de Blanche Lincoln demostró que en estos momentos el mejor activo de los demócratas en las elecciones de medio término será Bill Clinton, por encima de Barack Obama”, consideró el analista Matt Lewis, en referencia a ese sector del electorado que confía más en un personaje como Bill Clinton que en la erosionada imagen de Obama.

Pero si Clinton será la tabla de salvación de los demócratas ante el elector blanco y conservador, ¿quién los salvará del desencanto y desafección de los independientes, las mujeres y los jóvenes frente a algunas de las primeras acciones de Obama durante la primera mitad de su mandato? En la sala de estrategia del Partido Demócrata y de la Casa Blanca, ya tienen la respuesta o la solución ideal para ese sector: Michelle Obama.

Con 66% de apoyo en las encuestas, Michelle sigue siendo el más importante activo de los demócratas frente un sector del electorado que, aunque se ha desencantado con la primera mitad del mandato de Obama, confía en que el presidente (con los consejos y poderes de persuasión de Michelle) será capaz de sacar adelante la agenda de la reforma migratoria, la defensa del medio ambiente, la independencia energética y el fin de las guerras en Irak y Afganistán.*

(*Sacado de: http://www.eluniversal.com.mx/ *)

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